lunes, 28 de enero de 2013

Al Hospital

Siempre dispuesto a prestar ayuda cuando se necesita, y más a los que están cerca, no fue la excepción, después de correr durante la semana con uno y otro mandado, el día sábado se prestaba para lo mismo, y con buen ánimo, aunque lo confieso, la cara podría decir algo diferente, me dispuse a sacar el ultimo pendiente de la lista. Parecería que imprimir unas cuantas hojas seria tarea fácil, pero las especificaciones del pedido hecho para niños era algo que debía de tratarse con sumo cuidado. Ayudó la impresora, aunque no tanto las tintas, el proceso quirúrgico para rellenar su contenido se hacía frecuente cada 20 o 30 páginas y eran muchas las que estaban en cola, o sea, a pasar horas en esa tarea.

Entrada la noche, solo en casa y con hambre, me dispuse llenar el vacío de mi panza; de los muchos comestibles y exquisiteces, mi más grande tentación relució ante mis ojos, en una tasa, un chocolate, no tengo datos de la fecha de elaboración pero puedo asegurar que no tenía ni las 24 horas dentro del refrigerador. Cena lista, un vaso de chocolate completamente helado con un pedazo de torta, a chuponear se ha dicho, y continuando con las impresiones en cola, rellenando cartuchos, feliz con mis alimentos.

Fue en el último sorbo de chocolate cuando aquel sentimiento de conocimiento perfecto se presentó ante mí, <<Esto me va a enfermar>> me dije. Acabé las impresiones, entregue el trabajo terminado y el malestar incrementaba, la impotencia de querer hacer algo para evitarlo me llevo a tomar una bebida efervescente con ánimos de sentirme mejor. A cama con una molestia que parecía un piquete en la boca del estómago. No pasaron más de 20 minutos cuando el piquete se había convertido en un cuchillo punzante; como todo buen “Jefe de tribu” me levanté de la cama y en posición fetal con los brazos sobre el abdomen, acurrucado en el sillón de la sala me dispuse a soportar el dolor, <<No es nada>> me dije, pero después de una buena media hora de dolor, pensando de manera lógica que el dolor era por algo dentro de mi estómago, <<bendito chocolate. Que salga, por arriba o por abajo, pero que salga ya>> pensé, pero el cuerpo no coopero, ni por un lado ni por otro, y el dolor aumentaba, constante y amenazante, en toda  el área abdominal, insoportable y punzante. Creo que por un momento perdí la lucidez, canté, creo yo, con el fin de pensar en algo más para alejar el dolor, no resulto, me tire al suelo, con gemidos de bestia herida y el dolor no menguo ni aun después de más de un par de arcadas, que según yo me iban a curar. Desperté a la Matriarca de la tribu y pedí consejo, después de ver el espectáculo y con ojos aun incrédulos me mando al hospital, pero cómo un Macho dominante podría aceptar tal proposición, juro que fue el dolor el que habló y pidió por mi madre, literalmente, a esas horas de la noche era la única que podría llevarme al hospital.

Llegando al mostrador de las siempre amables enfermeras, el dolor me dejo pensar y recordar que el bendito certificado no estaba presente, pero solo fue un momento de lucidez, deje mis papeles y corrí por unas cuantas arcadas más, de algún modo decidieron atenderme, cuando iba saliendo del baño un doctor ya estaba esperando y me atendió. Lamento mucho que el dolor fuera tan fuerte e intenso que no recuerdo ni su rostro, mucho menos su nombre, pero nunca me había atendido una persona tan amable y que a vivas cuentas, amaba su profesión. Después de un par de exámenes me quede en una camilla para observación, lo que nunca había tenido en mi mano conocieron mis venas, con catéter puesto me colocaron un suero y algún otro medicamento que pretendía aliviar tal dolor, fracaso total. La bestia herida era ahora agonizante, rodando de lado a lado sobre la pequeña camilla de hospital, olvidado, según yo, en uno de los rincones, literalmente. Mi madre, de cuando en cuando asomaba su cabeza, impotente de verme sufrir, y el buen doctor, revisaba el suero y el medicamento, un par de comentarios jocosos, los recuerdo por que el rio, cegado y sordo por el dolor creo que esboce una sonrisa por pura educación.

Cuatro horas pasaron y ya desesperado, el dolor no abandono ni por un segundo su lucha. Ya con un par de sustos, según los primeros exámenes el apéndice había explotado (por suerte solo fue el susto de esa noticia), fui referido a otro hospital, donde me mandaron poner una bata blanca y con más sueros me mandaron a otra camilla, nuevo hogar, por tiempo indefinido.

Justo antes de salir del previo sanatorio, mi padre había estado afuera, esperando, en medio de la noche y tratando de dormir, parecía araña dentro de la cabina con tal de encontrar una posición de alguna manera cómoda. Cuando le vi, sin dudarlo le pedí una unción. Bueno es saber que esta el Sacerdocio en la tierra nuevamente y que mí padre es portador de tal bendición, recordé a Santiago diciendo: ¿Está alguno aenfermo entre vosotros? Llame a los bancianosde la iglesia, yoren ellos por él, cungiéndole con aceite en el nombre del Señor.

Subí a la ambulancia y recostado en otra camilla me llevaron a mi nuevo destino, el milagro hizo su trabajo y no más de 20 minutos después de la unción ya era solo un pequeño piquete en el abdomen, aun así, me guardaron dos días en el hospital, aburrido.


En broma digo saber que es tener a un hijo, pero que dolor más insoportable aquel, aun no tengo el veredicto del doctor, no sé si fue esto o aquello, pero me venció y me noqueo por casi 5 horas.

A mi esposa por sus sabios consejos, a mis padres por sus cuidados (ya tan viejo yo y todavía me cuidan como a un pequeño, y no me da pena, que honor ser su hijo) y a aquel desconocido buen doctor. Gracias.


miércoles, 15 de agosto de 2012

Gota de Agua


Acumulación de humedad y varios efectos físicos que son milagros aunque los entendemos, eso inicio una aventura, un corto viaje, pequeña gota de agua a punto de ser rocío entre nubes de tormentas preparadas para darle vida; la saturación permitió que esté lista para partir de su cómoda y acolchada nube, gris en apariencia, pero solo por el efecto que le dio la vida, a un viaje en picada hacia su destino, si es que existe uno.
Se desprendió con suavidad de sus paternos vahos, y junto con un millar de hermanas se lanzo al vacío.

Majestuosa vista, surcando los cielos con libertad, la gota perdía esencia en su viaje, pero todo valía la pena, ríos y montañas, riscos y peñascos, junglas y desiertos, el sol en el horizonte adornando la escena perfecta, todo en un solo vistazo, milagros de la vida. con deseos de que dure para siempre, quedar flotando en el aire, sentir la fría briza de las alturas golpear su forma ondulada y crear su cuerpo, gota de agua que da vida. La bendita gravedad haciendo su mejor trabajo, atrayendo hacia el suelo y robando el rato de felicidad y la hermosa vista desde las alturas, el viaje es más corto de lo deseado.

La copa de un árbol dio el primer golpe de realidad, una hoja en lo mas alto le dio la bienvenida, permitiendo el paso a un ciento de hojas más, abriéndose paso de desliz en desliz, unos cuantos saltos y unos metros mas cerca del imperioso final, permitiendo que resbalara hasta su siguiente parada, una rama le ayudo en su siguiente escalón, llegando al tronco con grietas que guiaban su camino, bañando la corteza, rodada a rodada, suave y terso hasta el inicio de la raíz, ahí se despidió de su comité de bienvenida que delicadamente le permitió posarse a tierra. Desapareciendo, diluyéndose en medio de fibras, hojas, ramitas y mineral. Cumpliendo su propósito de alimentar a la vida.


Foto Gracias a Trey Ratcliff
http://www.stuckincustoms.com/

lunes, 13 de agosto de 2012

Cumpliendo Metas


      El Albedrío: El poder de ELEGIR por nosotros mismo, Si Dios respeta eso ¿porqué las demás personas No? ¿Porqué quieren vivir en uno la vida que ya vivieron?
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Doug E. Rivera Lo bueno es que nosotros lo podemos hacer valer.
34 minutes ago · Like

Vicky de Rivera Cuando es nuestra decisión, sí. Pero si no, nadie lo puede cambiar. No hay nada mejor que lograr su propias metas sin ayuda y mejor si es una meta que se compartirá hasta la muerte ¿no?
7 minutes ago · · 1

Vicky de Rivera Aun así la meta cumplida no estaría basada en nuestra decisión, sino siempre en la decisión de alguien más eso no cuenta, siempre el albedrio es el albedrio y nada mas
6 minutes ago · · 1

Vicky de Rivera Dios, siendo Dios, sabiendo que nuestro Galardón vale la pena, aun así, el no interfiere en nuestras decisiones nos deja que nosotros aprendamos nuestras propias lecciones y si esas acciones son buenas es nos deja gozar de esas recompensas, no hay nada mejor que hacer las cosas por uno mismo